Turismo volcánico atrae viajeros en Guatemala

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    El turismo volcánico emerge como otra modalidad en Guatemala, país que figura entre los cinco que componen el mundo maya, pero que cuenta además con aproximadamente 288 volcanes o estructuras de origen volcánico, maravillas naturales atractivas para muchos viajeros.
    Solamente ocho tienen reportes de actividad en tiempos históricos y 3 son los más activos en la actualidad.
    En ese paraíso natural existe un extraordinario paisaje que enamora, ya no solo por la riqueza arqueológica de los templos mayas, sino por la gran cantidad de ecosistemas, volcanes, ríos, grutas y bosques.
    Actualmente los turistas que acceden a los volcanes en el mundo - más de 134 millones de personas visitan anualmente- lo hacen por varios motivos, ya sean educativo, ecológico o aventura y no responden a un perfil tan específico como en siglos pasados.
    El turismo volcánico en Guatemala está vinculado con la Sierra Madre, en las cercanías del océano Pacífico, y es que los volcanes en esa nación integran el cinturón de fuego del Pacífico y convierte a su territorio en una de las zonas más densamente cubierta de esos fenómenos geológicos en el mundo.
    Son numerosos los turistas que viajan para conocer los volcanes Acatenango, de Fuego, de Pacaya, Tajumulco, de Ipala, de Chicabal, y opinan que constituye una experiencia inigualable.
    Ellos practican la modalidad de turismo volcánico a través de los senderos, los cuales representan una manera de poner en valor los recursos geomorfológicos a través de esos itinerarios mediante tours que organizan con ese fin.
    En un país como Guatemala, donde el sector del turismo es el segundo generador de divisas para el país, la modalidad de los volcanes representa otra vía que igualmente se vincula a los demás atractivos, entre ellos spas, turismo de aventura, o deportes de riesgo, tales como escaladas.
    Junto a los impresionantes paisajes que revelan a quienes practican el turismo volcánico, también se entremezcla con las leyendas y mitos que en otros tiempos surgieron para justificar sus erupciones, porque los pueblos originarios no tenían una respuesta científica.